domingo, 20 de agosto de 2017

¿Qué hacer con el islam?

Cada vez que se produce un atentado en suelo europeo las televisiones y los diarios se llenan de los consabidos tópicos: “no todos los musulmanes son terroristas”, “esto es una minoría”, “los yihadistas son unos descerebrados” “estas personas se radicalizaron rápidamente”, “la convivencia con los musulmanes es buena en los barrios”, “el verdadero islam no es violento”, y un largo etcétera que no es necesario repetir aquí. A ello se suma un periodismo trufado de amarillismo sensacionalista, de explotación del morbo visual, que en la sociedad actual es demandado por importantes porcentajes de la audiencia.

Como todos los tópicos estos tienen también un sustrato de verdad, necesario para poder construir un discurso completamente errado, y que no atiende a los problemas fundamentales que hay que abordar para afrontar con garantías de éxito las prácticas del terrorismo yihadista en las propias sociedades afectadas, de manera primordial Oriente Medio, el Asia musulmán y también en Europa.

Hay una responsabilidad histórica enorme del colonialismo europeo que explica en buena parte el fracaso del proceso de modernidad en esos países. Los intentos históricos que pudieron cambiar la dirección de las naciones árabe-musulmanas, se produjeron inmediatamente después de las independencias, tras la segunda guerra mundial. Son bien conocidos los proyectos laicos y nacionalistas que impulsaron Naser en Egipto, los “socialistas” iraquí y sirios, los revolucionarios argelinos del Frente de Liberación Nacional, aunque sin embargo siempre encontraron la oposición de las potencias colonialistas, Francia y Gran Bretaña y más tarde de los EE.UU, porque veían que con esos proyectos nacionalistas y laicos corría peligro su influencia, y con ello sus intereses petroleros, alimento esencial del modelo de desarrollo industrial occidental

En su detrimento apoyaron el surgimiento del islamismo político y dieron respaldo político, militar y financiero a las monarquías del golfo, de tal manera que pensaron que el fundamentalismo integrista sería el aliado ideal. Desde los años sesenta del siglo XX el fundamentalismo islámico suní, apoyado por Occidente, será el muro de contención de las revoluciones nacionalistas árabes. Hasta la década de los ochenta del pasado siglo las relaciones de fuerzas entre nacionalista e islamistas estaban equilibradas, pero tras la caída de la URSS y el nacimiento del mundo unipolar con EE.UU como potencia única, los nacionalistas perdieron apoyo internacional mientras los fundamentalistas lo ganaron.

A este respecto el caso del Líbano es paradigmático, Israel (que podemos considerar a estos efectos como país Occidental) estuvo muy interesado en promover el fundamentalismo durante la guerra civil libanesa (1975-1991), para con ello debilitar a las fuerzas nacionalistas laicas, tanto libanesas como palestinas, al objeto de fracturar la fuerza del enemigo. Lo consiguieron.(https://www.researchgate.net/publication/268172500_Historia_contemporanea_del_Libano_Confesionalismo_y_politica_1840-2005)

En épocas más recientes los desastres de las guerras que los EE.UU llevaron a Oriente Medido, con la excusa de llevarles la democracia, pero con la intención de quedarse con el petróleo que allí yace, es lo que terminó por desestabilizar completamente la zona. La historia posterior, incluidas las primaveras árabes, tuvo un saldo muy negativo para los pueblos árabes, hundiendo a estados sólidos que hasta entonces no eran lugares de promoción del terrorismo yihadista.

Mientras las potencias occidentales no asuman de verdad la necesidad de un cambio en ese mapa nada cambiará. Mientras se siga dando cobertura a Arabia Saudí, Qatar y otras monarquías ultrarreaccionarias del Golfo Pérsico, principales financiadores del terrorismo yihadista, nada cambiará. Mientras los negocios entre los saudí y el mundo occidental sigan viento en popa, las lágrimas que derraman los gobernantes occidentales cuando se producen atentados, lo son de cocodrilo.

Las reformas en las sociedades árabes necesitan apoyo de la UE, pero Europa primero tiene que abandonar los intereses comunes que mantiene con los principales financiadores del terrorismo yihadista. Y por otra parte, las poblaciones árabes han de reformarse en un sentido profundo, llevando a cabo, a su modo, una revolución del pensamiento que separe la religión de la política. Los árabes deben asumir que las creencias religiosas son un asunto individual, sin injerencia de la política ni del estado. Ese es un primer paso ineludible para poder avanzar en la superación de la situación. La segunda gran cuestión es que tendrán que transformar profundamente su legado machista y patriarcal. El papel de las mujeres es central para introducir un cambio de 180ª en el mundo musulmán. En el interior de esas comunidades las mujeres son las principales víctimas, no sólo del salafismo o los fundamentalismo más extremos, sino también del islamismo moderado, que tampoco abandona sus prácticas de dominación sobre las mujeres, ni separa la política de la religión. La mujer debe convertirse en un sujeto de derecho y político en igualdad de condiciones que los hombres. Las leyes de los estados árabes han de garantizarlo, y los dirigentes políticos tienen que aceptar el reto de educar a sus gentes, a los sectores ampliamente retrógrados que perviven, en los valores de igualdad entre el hombre y la mujer con la misma determinación que la defensa de una sociedad laica o aconfesional.


La solución al problema del terrorismo en Europa se encuentra en Oriente Medio y en el Norte de África. Los militantes yihadistas que viven en Europa quedarán disueltos sin el alimento financiero, ideológico, visual y anímico de las fuentes que los inspiran, porque el grueso de los militantes yihadistas de Europa son lumpen, marginados, personas que encontraron en las prácticas del terrorismo yihadista una vía de escape a sus frustraciones personales. Ellos solos se disuelven en el mundo de la delincuencia común, de la que, efectivamente, proceden muchos, sino todos estos cruzados musulmanes posmodernos.

martes, 8 de agosto de 2017

Viaje al sur

En el imaginario colectivo el viaje al sur suele ser sinónimo de divertimiento, sol, lugares exóticos, fiestas, sexo, bellas playas y tiempo de relax. Ya lo decía Raffaella Carrà cuando el sur era sobre todo el sur de Europa, pero después llegó el turismo expansivo a los sures del mundo, a las islas perdidas, al caribe y al pacífico, y los sures de Europa se quedaron para el turismo menos pudiente, aunque en su interior se habilitaran espacios para las élites, como ocurre con ciertas islas del mediterráneo.

Pero el sur es también para nosotros, nativos isleños, el sitio de las vacaciones, al que se desplazan miles de autóctonos en busca de lo que nuestros sures también prometen, que es exactamente lo mismo que lo que ofrecen los sures del mundo al que llega el turismo masivo.

Nuestro sur fue remoto y de difícil acceso hasta los años sesenta del siglo XX, cuando para visitarlo era preciso emplear unas cuantas horas y mucha paciencia. Ahora es un lugar densamente masificado, al que llegan como chorros vuelos charter procedentes de distintos lugares de Europa, y que podemos visitar en menos de 40 minutos desde las áreas urbanas y periurbana de la zona capitalina.

El sur concentra la principal actividad económica y poco a poco va concentrando cantidades mayores de población residente, nativa y no nativa. Su densidad creciente lo ha convertido en una gran área urbana, de extensión parecida al área urbana de la zona capital, pero a diferencia de ésta, con sus características construcciones clonadas de todas las zonas del mundo en donde el turismo se convierte en actividad masiva. Conociendo una ciudad turística ya se conocen todas, porque todas son ciudades construidas con patrones parecidos.

Nuestro sur que no hace tanto fue un lugar de encantos diversos, con rincones inhabitados y playas limpias, es hoy un lugar espantoso, ruidoso, sucio, lleno de turistas borrachos, mal educados, que lo mismo se echan eructos en plena calle que pedos sonoros, y que terminan muchas veces en busca de peleas con quien primero se encuentren por la calle, en el hotel o en el aparta-hotel (hay que advertir que los ingleses en todo eso se llevan la palma, y si hay que hacerle caso a la propaganda institucional del Cabildo, de que cada nativo tiene que abrazar a un inglés, cuídate de que no te vomite encima cuando vayas a hacerlo).

Caleta de Adeje
La porquería flota en las playas del sur. No solamente las algas menudas que este verano han sido noticia. Además de las microalgas, la porquería abunda. Papel de aluminio, bolsas y envases de plástico, latas de distintas bebidas, colillas de cigarros, aguas fecales que desembocan en medio de las playas masificadas, aceites y porquerías varias que escupen las lanchas fuera borda y las motos acuáticas, hacen que los mares de nuestros sures no sean azules ni turquesas, sino marrones y turbios, en los que por precaución mejor no te metas, no porque haya peligro de tiburones blancos, sino porque algún rolete puede andar cerca rondándote.
Los Cristianos

Hay una lección del viaje al sur que no se puede dejar de sacar, y es que la isla está superpoblada, por la llegada de millones de turistas cada año (5.596.764 en 2016), y por un crecimiento de la población residente que terminará por transformar la isla en un espacio duro y difícil para la vida. 

Unos brevísimos datos lo dejan claro. La isla tiene 891.111 residentes y 160.000 turistas permanentes, lo que hace una población de 1.051.111, que da una densidad de 516 habitantes por kilometro cuadrado, tomando como referencia los 2.034 km2 totales, pero si de ellos descontamos los 976 km2 que corresponden a zonas protegidas, nos quedamos con una superficie de 1.058 km2, lo que eleva la densidad hasta los 993 habitantes por km2. En la España peninsular la densidad ronda los 90 habitantes por km2. En un espacio similar al nuestro como puede ser Mallorca la densidad alcanza los 240 habitantes por km2.


Algunos visionarios de poca monta llevan tiempo promocionando la idea de convertirnos en un Singapur (bis), y si no ponemos remedio a eso las personas que ahora vivimos aquí, quizá sea un día Guayota el que termine poniendo orden. 

domingo, 25 de junio de 2017

Africano el que no bote

En los prolegómenos del partido de play-off entre el Getafe CF y el CD Tenerife para disputar el ascenso a primera división de fútbol, grupos de aficionados del equipo madrileño coreaban el cántico “africano el que no bote”, con el ánimo de molestar a los aficionados del Tenerife que se habían desplazado a Madrid para apoyar a su equipo. 

El tema de África es problemático para nosotros, y los otros (getafeños, en este caso) es evidente que lo usan con ánimo de insulto racista. Esto no es nuevo. Cuando por las razones que sean (políticas, deportivas o de otra índole) se tensa la conversación o la convivencia, los españoles suelen soltar el latiguillo de que los habitantes de Canarias son africanos. También, y sin ánimo de ofensa, tal calificativo se ha usado a modo de relato descriptivo del pueblo de las Islas Canarias.

Para el primero de los casos me viene a la memoria un ejemplo muy gráfico. Tras el asesinato de Javier Fernández Quesada en la puerta de la Universidad de La Laguna, en diciembre de 1977, los disturbios alcanzaron todo el entorno urbano, y la confrontación entre policías y ciudadanía fue creciendo. La autoridad gubernativa de entonces trajo grupos especiales de antidisturbios de cuarteles de Toledo y Zaragoza. El terror policial que aplicaron contra la población de La Laguna de manera indiscriminada, iba acompañado del insulto: “Moros, canarios hediondos, indígenas”. Entonces era de sobra conocido que los cuerpos represivos habían sido adiestrados con manuales y principios fascistas, entre los que el componente racista tenía un lugar destacado, pero seguramente en ninguna otra ciudad del Estado hubieran llamado a los habitantes moros o indígenas, tal como hicieron aquí (Rosa Burgos, El sumario Fernández Quesada)https://www.amazon.es/sumario-Fernández-Quesada-histórica-Canarias-ebook/dp/B011C1EY0W

Pero no sólo bajo la presión de acontecimientos de alto voltaje se usó el calificativo de africanos, o su variable, moro o indígena. También en la producción científica de técnicos y políticos de la administración del Estado, con ánimo meramente descriptivo, se apeló a la raíz africana de los habitantes de las Islas. Decía en 1967 el general africanista José Díaz de Villegas, quien fue director general de Marruecos y Colonias que Ifni “era una isla más de aquel archipiélago varada en pleno continente”. Y más aún, la Alta Comisaría de España en Marruecos escribó un informe en 1946 en el que se dice: “La relación histórica, ininterrumpida y constante, mantenida con esos Territorios (se refiere Sahara, Ifni y sur de Marruecos) por el Archipiélago canario, sus afinidades raciales, su analogía geológica y la identidad de su clima son fundamentos suficientes para establecer que (…) las Canarias y la costa vecina del continente africano constituyen una unidad geopolítica”. (“La Labor de España en África”. Alta Comisaría de España en Marruecos, 1946).

Sin embargo, no es sólo problemático como en determinadas circunstancias los otros nos ven a nosotros. Sino también como nosotros mismos participamos de una visión racista sobre África, pero en este caso de la otra África, “la que no somos nosotros”. La ignorancia enorme que tenemos sobre este tema ha sido el resultado del discurso racista de nuestras élites ilustradas. Pocos han sido los que han pensado Canarias incorporando su legado africano. Normalmente se obvia, y preferimos vernos en el espejo de latinoamérica o de Europa, dejando de lado la herencia más problemática de nuestra identidad, que es precisamente la africana. Incluso, quienes se reivindican de la herencia aborigen, prefieren, normalmente, eludir el hecho de que tal reivindicación debería ir acompañada de un cierto discurso comprensible sobre África y nosotros. Algo de eso intenté con el libro Geopolítica. nacionalismo y tricontinentalidad(https://www.researchgate.net/publication/279220146_Geopolitica_nacionalismo_y_tricontinentalidadpero la tarea está por realizar en un 90%. Seguro que podremos encontrar algunas respuestas desde la perspectiva descolonial, sin imitar a nadie, siendo creativos a la hora de buscar respuestas a lo que se ha dado en llamar la tricontinentalidad de Canarias.


Así que a eso de “africano el que no bote”, yo no le respondería con indignación, sino, precisamente no botando.

miércoles, 14 de junio de 2017

La historia de España para la prueba de acceso a la Universidad (EBAU)

Este año tuve la experiencia de participar en la coordinación de la prueba de Acceso a la Universidad en la materia de Historia. Por el camino me encontré excelentes profesionales con los que he tenido la fortuna de trabajar. Y a la vez aprendí cual era el sentido profundo de la reforma educativa del ex ministro Wert, al menos, para la temática de la Historia. El ex ministro, y el equipo que lo rodeaba entonces, no tenían el más mínimo interés en plantearse una reforma que implicase una propuesta seria y rigurosa sobre la enseñanza de la historia. Sólo estuvieron interesados en sacar adelante una reforma que pusiese el acento en un relato nacionalista de la Historia de España.

Josep Fontana señaló en  2014, que la reforma del PP tenía la intención de “adoctrinar a las nuevas generaciones de españoles reduciendo su educación a la memorización de contenidos cuidadosamente seleccionados, que no dejen espacio al pernicioso ejercicio de pensar”. El temario que se obliga a impartir es de una amplitud enorme. El profesorado y el alumnado no pueden dedicarse a pensar, con esa tarea gigante de terminar un contenido para prepararse de cara a la prueba EBAU. Sólo pueden memorizar. Y lo que se memoriza es un contenido completamente desfasado, una lectura sesgadamente nacionalista de la Historia de España, desde la prehistoria hasta la actualidad.

Advertía Lucien Febvre en 1952, durante la IV República Francesa, sobre la necesidad de desenmascarar el uso de la historia como “forma disciplinada y regulada institucionalmente de memoria colectiva”. Decía en su famoso libro Combates por la historia que “Comprender no es clarificar, simplificar, reducir a un esquema lógico perfectamente claro, trazar una proyección elegante y abstracta. Comprender es complicar. Es enriquecer en profundidad. Es ensanchar por todos lados. Es vivificar”. Nada de eso es la finalidad que persigue la enseñanza de la historia para el alumnado de 2º de bachillerato. Por contra, se les enseña a memorizar un tostón cargado de los tópicos más absurdos del nacionalismo historiográfico, administrados en lo que denominan “estándares de aprendizaje evaluables”. En tales estándares hay un predominio enorme de contenidos dedicados a los “grandes” personajes de la historia. Los reyes, los primeros ministros, la aristocracia militar, los líderes políticos. Una historia política contada a la vieja usanza del positivismo decimonónico. Ni atisbo de la historia social ni de las gentes. Nada de la historia de las mujeres, nada de la historia de los pueblos y culturas diferenciadas que componen el actual Estado español. Los problemas medioambientales y el cambio climático no merecen la menor atención. En vano esperarás que este temario se ocupe de explicar la historia como un devenir complejo en tierras fronterizas, del cual los fenómenos migratorios son piedra angular. El enfoque acerca de la hibridación cultural (Peter Burke), el mestizaje y la "creolización" (E. Glissant) ni está ni se le espera. El desfase entre la historia que se exige a los alumnos de segundo de bachillerato y el mundo que los rodea es tan abismal que, simplemente, por penar el castigo de tenerse que prepara semejante contenido inútil, ya deberían estar todos aprobados de antemano.

La historia lineal que se obliga a aprender, como historia no problemática que es, no da opción a pensar otras explicaciones posibles. La historia no puede ser entendida como la lectura de un pasado que estaba condicionado a ser el presente que hoy es. Siguiendo a Chakrabarty, debemos proponer el estudio de los acontecimientos pasados como un repertorio de elementos que nos hablan de otras posibilidades y que nos enseñan a ver el presente como un “irreductible no-uno”. 

No es esa la intención de la reforma Wert para la enseñanza de la historia. Nuevamente el profesor Josep Fontana nos pone sobre la pista. “La Comunidad de Madrid impondrá un programa de enseñanza primaria en el que todos los alumnos madrileños deberán conocer 15 fechas obligadas, desde la llegada de los romanos a la Península hasta la entrada en el euro, pasando por las dos guerras mundiales y la guerra civil española (…). Esta nueva historia, «limpia de localismos», va encaminada a inculcar al alumno que «somos una gran nación, llevamos más de 500 años como esa gran nación, llena de riqueza y diversidad», según afirma el presidente de la comunidad, que añade: «Hemos sido un Gran Imperio, todo eso hay que conocerlo»”. Al ex-presidente Ignacio González, autor de dichas palabras, seguro que no le preocupaba lo más mínimo el hecho de que la enseñanza de la historia imperial dejase en la cuneta el conocimiento en beneficio de la propaganda. 

¿Y de Canarias, qué? Tras 34 años de autonomía con competencias plenas en educación, el desinterés porque se enseñe la historia de las Islas en bachillerato es clamoroso.

miércoles, 10 de mayo de 2017

La izquierda perezosa y Venezuela

Existe una tendencia muy arraigada en la izquierda política que consiste en permanecer agarrada a inercias históricas, incluso, cuando es evidente que las cosas han cambiado tanto que ya nada es como era. Seguro que todos tenemos ejemplos históricos a los que acudir para aseverar tal comentario. Para nuestra generación es central el ejemplo de Cuba y, más recientemente, el de Venezuela. Dos países que representaron en su momento la esperanza de un mundo mejor. Cuba desde 1959. Venezuela desde 1999.

Cuba dejó de ser esperanza hace mucho tiempo para los cubanos, los latinoamericanos, y los europeos. Mantuvo más o menos el tipo mientras el petróleo soviético sustentaba al régimen. Tras 1991, permanece en un sistema crecientemente minado por la desmoralización, la crisis económica y la corrupción.

Venezuela renovó las esperanzas con la llegada de Chávez al poder en 1999. En la década siguiente, el modelo contagió a unos cuantos países latinoamericanos. Pero desde la caída de los precios del petróleo (2008), que pasó de costar 140 dólares el barril a 45, las políticas expansivas y sociales de los gobiernos de Chávez comenzaron a tambalearse. Descontando las presiones externas y los permanentes intentos desestabilizadores y golpistas que ha tenido que confrontar la experiencia bolivariana, la falta de un modelo de crecimiento económico que no sólo se apoyase en la exportación de las materias primas, ha terminado por llevar a Venezuela a la quiebra económica y política. La especialización en exportación de materias primas como principal actividad económica, es un rasgo común de los países periféricos. Si esa lógica no la interrumpe un gobierno de izquierda entonces está alimentando las bases de su propio fracaso. Las consecuencias saltan a la vista.

Los sucesivos intentos de Maduro por saltarse las reglas del juego que los mismos bolivarianos habían aprobado, habla bien a las claras del momento extremadamente débil por el que atraviesa el poder revolucionario. (Para entender como están las cosas recomiendo esta entrevista a Edgardo Lander http://frontal27.com/edgardo-lander-ante-la-crisis-de-venezuela-la-izquierda-carece-de-critica/).

Aquí, sin embargo, la izquierda perezosa sigue en el mismo sitio. Salvando la cara del fracaso de Maduro, echando todas las culpas al imperialismo, lo mismo que con Cuba se las echan al embargo estadounidense, pero negándose a analizar en serio qué no ha funcionado tanto en el sistema cubano como en el bolivariano. Intelectuales de referencia de la nueva izquierda madrileña, continúan escribiendo textos de defensa del gobierno bolivariano, no sabe uno si cegados por las esperanzas depositadas en aquel proceso, o porque la autocrítica se le hace cuesta arriba.

La izquierda perezosa es transgeneracional. Sin embargo, mantiene en común una vieja práctica consistente en no moverse de la posición que una vez creyó que era la correcta. Como si el mundo no cambiara, como si los hechos históricos fueran de una vez y para siempre. Curiosamente, esa manera de pensar tiene más de idealista que de materialista, aun a pesar de que la izquierda se reclama de la órbita del materialismo.


Para que la izquierda pueda tener opción de gobernar aquí debe en primer lugar desesperezarse, mirar la realidad sin anteojeras prejuiciadas, ser honesta consigo misma y, rigurosamente autocrítica, porque si no termina pareciéndose demasiado a su antagonista, y haciendo bueno ese refrán conservador y tan del sentido común mayoritario de que, "más vale malo conocido que bueno por conocer”.

miércoles, 12 de octubre de 2016

La fiesta nacional en España y en los países cercanos

El 12 de octubre se celebra el “día de la hispanidad”, remoción semántica de la hoy imposible denominación “día de la raza”, que por decenios fue como se tituló a tal efemérides. El 12 de octubre glorifica la conquista de América. La celebración del colonialismo es pues la fiesta nacional. Los valores patrios del nacionalismo español, si entendemos que la fiesta nacional ensalza eso, siguen atrapados en un relato premoderno de festejo de hazañas de mal gusto.

Si prestamos atención a los países que son el espejo en el que nos miramos, los días señalados como fiesta nacional tienen una significación completamente distinta. Celebran la democracia, la república o algún proceso significativo en la construcción de imaginarios de progreso y civilización.

Los franceses celebran el 14 de julio, día del asalto a la Bastilla en 1789, y con ello el inicio de la revolución francesa. Los norteamericanos el 4 de julio, conmemorando su independencia del dominio británico. Los italianos en su fiesta nacional, señalada el 2 de junio, brindan por la república de 1946, tras la derrota del fascismo. Los alemanes celebran el 3 de octubre por su reunificación de 1990. Los portugueses señalan el fallecimiento del escritor Luís Vaz de Camoes ocurrido un 10 de junio (1580) como fiesta nacional. Los griegos ensalzan su No al ultimátum lanzado por Mussolini el 28 de octubre 1940. El 21 de julio, Bélgica, sede de la capital de la UE, celebra el día de su construcción nacional. Incluso, entre los bárbaros más próximos (los rusos, por supuesto) no se celebran conquistas ni colonialismos, sino el nacimiento de la nueva república (12 de junio) tras la desaparición de la URSS. El resto de países del mundo que fue sometido al colonialismo celebra como día nacional el que marcó su fecha de independencia, y con ello la derrota de las metrópolis.


El nacionalismo español desfila el 12 de octubre celebrando el colonialismo, y apostilla el mal gusto con los legionarios que marchan bajo la X Bandera Millán Astray.

martes, 4 de octubre de 2016

Los errores de las izquierdas nos dejan un PP para largo tiempo

No hay más responsable de la continuidad del PP en el gobierno durante un largo futuro que la mala gestión de los resultados electorales realizada por Podemos y el PSOE. Con las elecciones de diciembre de 2015 se abrió una oportunidad de oro para producir un cambio en el gobierno del estado, pero las apuestas tácticas realizadas por las izquierdas no convergieron para hacer de esa posibilidad una realidad inmediata.

El PSOE, asustado por la emergencia de Podemos, acostumbrado a jugar en la izquierda sin rivales, estuvo más preocupado de bloquear un acuerdo con Podemos que de buscar un entendimiento que permitiese iniciar un nuevo ciclo político en el país. Se enrocó en una propuesta que no tenía recorrido, pactando con Ciudadanos una investidura imposible. Sonaba más bien a una puesta en escena de una alternativa irreal, que a un interés serio por construir una opción de gobierno de cambio. El PSOE usó esa simulación para arremeter contra Podemos en vez de para garantizar la salida del PP del gobierno. Un error táctico que ha tenido consecuencias estratégicas demoledoras para el propio PSOE, y ha favorecido el manteniendo del gobierno de los populares, seguro en la próxima legislatura, y probable en alguna más. Tras las elecciones de julio las opciones se habían reducido considerablemente. El PSOE estaba más debilitado y su dirección crecientemente cuestionada, de tal modo que en estos últimos meses las opciones de un gobierno alternativo se habían reducido de forma muy considerable.

Por su lado, Podemos también gestionó mal los resultados de diciembre. Estuvo más preocupado de su rivalidad con el PSOE, de la disputa de ese espacio, que de plantear un gobierno que permitiera sacar al PP del poder. Un error táctico muy grave que también ha tenido consecuencias estratégicas para Podemos y para el conjunto de la izquierda. La puesta en escena realizada por la dirección del partido repartiendo los ministerios y siendo muy beligerantemente anti PSOE, fue una declaración de intenciones que ponía de manifiesto que no se contemplaba un acuerdo real de gobierno. El argumento para no buscar a toda costa un acuerdo con el PSOE fue que no bastaba con desalojar al PP, sino que también había que terminar con sus políticas. Y pareciendo razonable esa posición, sin embargo, lo urgente en aquel momento era, precisamente, desalojar al PP, porque de lo contrario no se podría expulsar al PP ni a sus políticas, sino que la falta de acuerdo terminaría fortaleciendo al PP, y hoy sabemos ya que a garantizarle por unos cuantos años el monopolio del poder político. (Sobre esto escribí en el mes de marzo: http://domingogari.blogspot.com.es/2016/03/sugerencia-tactica-pablo-iglesias-para.html)



Ahora todo terminará girando definitivamente hacia la derecha. El ciclo electoral que viene de los países europeos parece que reforzará a las fuerzas derechistas, cualquiera de los candidatos que gane la Casa Blanca en noviembre lo hará con políticas derechistas, y España que podía haber sido una excepción en sentido opuesto se mantendrá en esa misma ola. Una vez proclamado el nuevo gobierno se recomenzará con los nuevos recortes de gasto público, con el problema catalán empantanado, con las legislaciones regresivas en el plano social y de las libertades y con la insufrible y tendenciosa TVE promoviendo ideología conservadora a troche y moche.